publicita
crv

Opinion

Tormenta

Yo, que era demasiado pequeña para comprenderlo y para abrir la boca cuando nadie me lo había pedido sin temor a llevarme a cambio un buen sopapo por mi impertinencia, veía y callaba. Pero me parecía que las mujeres y mi abuela, sorda la pobre como estaba, se daban cuenta como yo de que todos aquellos moratones de puertas y de escaleras tenían exactamente el mismo tamaño que las manos de mi padre. Recuerdo que hubo un tiempo de tantos truenos que, si le hubiera dado a la tormenta por llover, se hubiera inundado la casa. Creo que fue por entonces cuando más ropa tuvimos para estrenar mi hermana y yo, pues mi madre pasaba día y noche pegada a la máquina, tullida por los golpes como estaba.

city

Mi madre dejó de subir a por la máquina al desván el día en que Dios tuvo a bien llevarse a mi padre. La abuela, que era sorda pero no ciega ni tampoco muda, contó lo mismo que mi madre; que subían entre las dos la máquina a la cámara y allí se lo habían encontrado, tendido en el suelo, frío y con los ojos en blanco mirando al techo. Los días de truenos ya no volvieron a ser lo mismo en casa, al menos a mi hermana y a mi no nos pareció más que hubiera tormenta, ni dentro ni fuera. Nos faltaba el traqueteo ronco de la máquina de coser y a mi madre dejaron de revolvérsele con saña las puertas de la casa. Mi abuela, que estaba sorda la pobre y poco antes de morir perdió la cabeza, siempre decía que no había trueno que resistiera a unas buenas tijeras. Le pregunté sólo una vez a mi madre qué era lo que quería decir la abuela con aquello, recordando que mi madre había perdido las que usaba para coser poco antes de que en su casa se acabaran las tormentas, pero me puso tan mala cara que nunca más le he querido volver a preguntar. A la abuela sí le pregunté, muchas veces y muy alto para que me oyera. Pero no debió entenderme, siempre me respondía que a mi padre le habían nacido en mitad del pecho unas tijeras.

cuenca

No sé por qué te cuento esto ahora que no puedes oírme. Tal vez porque también a ti te han crecido en el pecho unas hermosas tijeras, justo hoy que se han acabado las tormentas. He guardado en el armario la máquina de coser que compré un día, sin saber por qué. No voy a utilizarla más, a los vecinos les molesta el traqueteo. A veces me pregunto, ahora que hace tantos años que no he vuelto a ver a madre, que se ha quedado sorda como la abuela y no sabe que también las puertas de mi casa se han revuelto contra mí, si alguna vez habrá sacado del desván la máquina de coser al sentir en la calle el estampido de un trueno.

stone

De todas las reacciones que esperó de Claudia, aquella era la única en la que no había pensado. La mujer le había elogiado mucho el regalo. “Es precioso —le había dicho— mucho más bonito que los otros” y aunque Chen Wang no comprendía muy bien el español, supo que le animaba a dedicarse a pintar. Salió… y ya no volvió. Chen Wang la había esperado una semana con los ojos brillantes de impaciencia, hasta que se convenció de que no volvería. En la noche se encontró mirando el cuerpo dormido de Ashan junto a él, Ashan tan lejana que ya no podía encontrarla. Junto a ella, en la mesita de noche, descansaba de nuevo un ramo de peonias en el que la joven ni siquiera había reparado. Chen Wang la miró a ella y se miró las manos vacías. No tenía nada. Y tampoco nada que perder. En la maleta que trajo de Shanghai había metido tan sólo sus óleos y los abanicos que tenía que entregar al día siguiente en el restaurante. Había escuchado que en Madrid la gente podía vivir siendo artista. Era una ciudad grande, tal vez allí tuviera una oportunidad. Sólo cuando había cerrado la puerta del piso se dio cuenta de que no le había dado un último beso a Ashan. Sorprendido, comprobó que no le había importado. Por eso ahora miraba pasar el paisaje desde la ventanilla de un autobús y sonreía. Antes de quedarse dormido, Chen Wang ha creído ver a lo lejos una bandada de grullas surcando el cielo. Y ha pensado, ha querido convencerse, de que esta vez va a tener suerte.

2018 Información digital para Cuenca y provincia